lunes, 10 de mayo de 2010

HISTORIA BÍBLICA DEL ANTIGUO y NUEVO TESTAMENTO


HISTORIA BÍBLICA DEL ANTIGUO y NUEVO TESTAMENTO
R.P. BRUNO AVILA



INTRODUCCIÓN

NOCIONES PRELIMINARES

La Biblia

LA BIBLIA (del griego biblos, papiro para escribir; luego los escritos grabados en el papiro) significa la Sagrada Escritura o sean los libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento escritos bajo la inspiración divina y reconocidos como tales por la Iglesia.

La Biblia es el libro por excelencia, el libro más venerado e importante! aunque no el más antiguo, que ocupa un lugar privilegiado entre todos los escritos del mundo entero.

La Biblia contiene los libros inspirados por Dios; pero no es el único nombre con que se los conoce. Llámanse también dichos libros Sagrada Escritura, Sagradas Letras, Santas Cartas, porque santo es su autor (Dios), sagrado el asunto de que tratan e inspirado por Dios, y siervos de Dios los varones que los escribieron movidos por el Espíritu Santo.

Además se les ha dado el nombre de Libros canónicos (del griego canon: instrumento para medir, norma o regla de conducta en el orden moral) para designar los libros que la fe y la tradición reconocieron como inspirados y santos.

Al principio la palabra canon aplicada a la Biblia tuvo el significado de catálogo o lista de los libros reconocidos por la Iglesia como inspirados; de ahí la denominación de Canon de la Sagrada Escritura.

No todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento fueron señalados desde el primer momento por la Iglesia como canónicos. Por eso se dicen protocanónicos los reconocidos primeramente y deuterocanónicos los que lo fueron más tarde.

Comúnmente se habla de los Libros Sagrados del Antiguo Testamento y Nuevo Testamento, entendiendo aquí por testamento pacto o alianza. Así Antiguo Testamento señala los libros que se escribieron durante el pacto o alianza entre Dios y el pueblo de Israel hasta la venida de Jesucristo, y Nuevo Testamento los que se redactaron en la nueva alianza inaugurada por Jesucristo y sellada con su sangre en la Cruz.

Su valor histórico. Los libros históricos de la Biblia son fuentes de inapreciable valor para conocer el origen del mundo, creado por Dios, la aparición del hombre sobre la tierra, la formación de los pueblos, en especial del pueblo elegido de Israel, sus vicisitudes a través de los tiempos, esto es, el Antiguo Testamento o alianza de Dios con Israel, hasta que con la venida de Jesucristo, su vida, pasión y muerte, resurrección y ascensión a los cielos, se inicia el Nuevo Testamento o alianza de Dios con todos los hombres redimidos por el Redentor y nuevamente restituidos al orden y la comunicación sobrenatural con Dios, rota por el pecado primero de Adán.

El testimonio de los escritores de la Biblia es de primer orden, ya que, fuera de los orígenes del mundo y del hombre y de las primeras manifestaciones del pueblo de Israel en la vida de los Patriarcas, cuyas noticias recogieron de la tradición oral, en las demás fueron contemporáneos de los hechos que narran y a veces intervinieron con mayor o menor actividad personal en el escenario de los hechos que nos han transmitido.

Además de la historia de Israel, contiénense en la Biblia numerosos datos acerca de otros pueblos, muchos de los cuales se han visto confirmados por los descubrimientos modernos llevados a cabo en las regiones de los países mencionados en la Biblia.

Contenido de la Biblia. Por su contenido y en la intención de Dios que la ha inspirado y según el testimonio constante, así de la Sinagoga como de la Iglesia, la Biblia es el Libro del Mesías, de Jesucristo.

Tal es, en verdad, la idea madre y central de la Sagrada Escritura, idea hacia la cual convergen todas las demás; ésta es su razón principal de ser, fuera de la cual desaparece toda su unidad.

En relación con esto, la Biblia nos manifiesta verdades religiosas que están fuera del alcance del entendimiento humano y que Dios se dignó revelar a los hombres.

Los dos Testamentos dirigen su mirada hacia Jesucristo, Hijo de Dios; el Antiguo, como a su esperanza; el Nuevo, como a su modelo; y ambos como a su centro.

Prueba de ello es el testimonio del mismo Cristo, de sus apóstoles y de la tradición judía y cristiana. que afirman con términos precisos que toda la Biblia trata de Jesucristo.

Pero, además de estas pruebas extrínsecas o de autoridad, abundan las razones intrínsecas, sacadas de los mismos Libros Santos.

La promesa de un Redentor o Mesías hecha en el paraíso terrenal es el primer anillo de una cadena ininterrumpida de profecías, desde Adán hasta Zacarías, padre de san Juan Bautista.

La esperanza en el futuro Redentor llévenla Adán y Eva como un consuelo salvador en su desgracia, al salir del paraíso.

Esta promesa se hace más precisa en tiempo de Noé; y el círculo se estrecha más con Abrahán al anunciarle Dios que en su posteridad, esto es, en Cristo, como dice san Pablo, serán benditas todas las naciones.

Más tarde la descendencia de Jacob es separada de Esaú, siempre con vistas a esta promesa; luego Jacob elige entre sus hijos a Judá para ser el príncipe del que nacerá el Mesías.

Sucédense los siglos y nuevas profecías van revelando la dulce y gloriosa imagen del Redentor: Balaán anuncia su realeza, y Moisés su triple misión de legislador, de mediador y de profeta.

Estas luces mesiánicas se multiplican, después de un largo lapso de tiempo y adquieren un brillo incomparable desde los días del rey David. Este santo rey ha contemplado de lejos al Mesías y ha vislumbrado su divinidad como Hijo de Dios y le ha cantado en sus Salmos con magnificencia inigualable.

También los demás profetas vieron de lejos el misterio del Mesías y celebraron la grandeza y gloria de su reino.

Uno nos habla del lugar de su nacimiento, otro de la virginidad de su madre, de su entrada en el Templo de Jerusalén; otro le ve glorioso en su sepulcro y vencedor de la muerte, etcétera.

Al profetizar las glorias del Mesías, los escritores inspirados no han callado sus sufrimientos, describiendo hasta los menores detalles de su pasión y muerte; y, para que nada faltase a la profecía, contaron los años hasta su venida.

En estas profecías se va acentuando el progreso de la revelación y manifestando poco a poco la figura radiante de Jesucristo, a medida que se acerca la plenitud de los tiempos, el día en que van a cumplirse los divinos oráculos.

Cada profeta añade un rasgo nuevo, y cuando el último de todos desaparece, la imagen es perfecta y bastará encontrar la persona así representada para decir con el apóstol Felipe: Él es; "hemos hallado a Aquel de quien escribió Moisés en la ley y los profetas, a Jesús de Nazaret".

Si los escritos del Antiguo Testamento pueden resumirse en una serie de nombres propios que representan a los ascendientes de Jesucristo, y en las profecías referentes a Jesús; también pueden reducirse, del modo más simple y natural, a la historia de Israel. Ahora bien, esta historia está íntimamente unida a la del Mesías, pudiendo decirse que es una marcha constante hacia Él.

Mucho antes de Abrahán el escritor procede por vía de eliminación, desentendiéndose rápidamente de las ramas de la raza humana que no tienen relación con el Mesías prometido: la rama de Caín, las de Cam, Jafet y de todas las ramas semitas, a excepción de la de Abrahán, rama de Ismael, rama de Esaú. Y así en otros libros.

Todo lo que no se refiere al pueblo de Israel es tratado como algo accesorio y como de paso; en cambio se insiste en todo lo referente al pueblo del Mesías y a la Redención.

Basta comparar, por ejemplo, la historia de la caída del primer hombre, contada al detalle, con las numerosas generaciones patriarcales, de las cuales sólo se da el nombre; las biografías de Abrahán, Isaac, Jacob, escritas con todos los pormenores, con la formación de los primeros imperios, hecha a vuelo de pluma.

Además, ateniéndonos a la clasificación del Antiguo Testamento en libros históricos, libros proféticos y libros poéticos o sapienciales, vemos que los primeros exponen los diversos trances de la teocracia, es decir, del gobierno directo de Dios sobre los judíos. En ellos se encuentran la alianza del Sinaí, la legislación mosaica, las pruebas del desierto, la conquista de Palestina, el gobierno de los jueces y reyes, la ciudad de Jerusalén, las victorias y derrotas, las épocas de gloria y los períodos de humillación, el aislamiento de los demás pueblos y, finalmente, la cautividad. Todo ello tiende a formar la nación elegido y a educarla con vistas al Mesías futuro.

Por el mismo motivo, las profecías, cuando no se refieren directamente al Mesías, van destinadas a preparar su venida, manteniendo al pueblo, ya sea con amenazas, ya con promesas, en la sana doctrina y cumplimiento de la ley y en la unión con su Dios.

En cuanto a los demás libros, unos, como los Salmos, forman el conjunto oracional del pueblo mesiánico; otros, como el Cantar de los Cantares, expresan en forma alegórica la unión de Israel con su Cristo; otros, como los Sapienciales, muestran las relaciones íntimas con la Sabiduría divina.

Por lo que se refiere a los Libros del Nuevo Testamento, es a todas luces manifiesto que su tema central es Jesucristo.

Los cuatro Evangelios nos hablan del programa de Redención realizado por Jesucristo desde su encarnación, a través de su vida, su doctrina, su pasión y muerte, su resurrección y ascensión a los cielos.

En los Hechos de los Apóstoles se hace la historia de los primeros años de la Iglesia, demostrando cómo empezó a ejecutar la obra salvadora que Cristo, su fundador, le encomendó en el mundo hasta el fin de los siglos.

En las Epístolas se encuentra una explanación magnífica de la doctrina y moral del Evangelio.

Finalmente, en el Apocalipsis se da en visión profética la misión de la Iglesia en la tierra y la consumación perfecta de la Redención de Jesucristo en los cielos.

Valor religioso. De lo dicho se desprende el alto valor religioso de la Biblia. Se encuentra en ella la narración de una promesa que Dios hizo y cumplió con los hombres.

Dios creó al hombre con un fin sobrenatural, que es Dios mismo. El hombre perdió por el pecado ese fin sobrenatural; pero Dios le prometió un Redentor, y, llegada la plenitud de los tiempos, ese Redentor vino al mundo, concilió a los hombres con Dios y puso en sus manos los medios seguros para rehabilitarse y poder conseguir así su fin sobrenatural para el que fué creado.

El valor religioso de la Biblia está en que en ella se encuentra el conjunto completo de creencias, normas morales y prácticas de culto, por las cuales el hombre debe expresar sus modos de sentir y de relacionarse con respecto a Dios, pues en esto consiste la virtud de religión.

Canon de los libros religiosos. La Biblia se divide en libros del Antiguo Testamento y libros del Nuevo Testamento.

En el Antiguo Testamento hay 45 libros que fueron escritos antes de Jesucristo. Y en el Nuevo Testamento hay 27 libros, escritos después de Jesucristo.

1° LOS LIBROS DEL ANTIGUO TESTAMENTO se dividen por los católicos, desde el siglo XIII, en:

Libros históricos (son 21): 5 libros de Moisés (el Pentateuco): Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio; el libro de Josué, el de los Jueces, el de Rut, 4 libros de los Reyes, 2 de las Crónicas (Paralipómenos), el libro de Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester y 2 libros de los Macabeos.

Libros didácticos (son 7): El libro de Job, los Salmos, los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, el libro de la Sabiduría y el Eclesiástico.

Libros proféticos (son 17): Isaías, Jeremías, Baruch, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

2° Los LIBROS DEL NUEVO TESTAMENTO se dividen también en:

Libros históricos (son 5): Los cuatro Evangelios, de san Mateo, san Marcos, san Lucas y san Juan; y los Hechos de los Apóstoles, de san Lucas.

Libros didácticos (son 21): Las 14 Epístolas de san Pablo: 1 a los Romanos, 2 a los Corintios, 1 a los Gálatas, 1 a los Efesios, 1 a los Filipenses, 1 a los Colosenses, 2 a los Tesalonicenses, 2 a Timoteo, 1 a Tito, 1 a Filemón y 1 a los Hebreos. Y las Epístolas: 1 de Santiago el Menor, 2 de san Pedro, 3 de san Juan y 1 de san Judas Tadeo.

Libros proféticos: El Apocalipsis, de san Juan.

Estos libros fueron escritos en un espacio de 1.600 años: 1.500 años antes de Jesucristo y 100 años después de Jesucristo.

Los libros del Antiguo Testamento fueron escritos en hebreo, excepto los libros de la Sabiduría y el segundo libro de los Macabeos, que fueron escritos en griego.

Los del Nuevo Testamento fueron escritos en griego, excepto el Evangelio de san Mateo, que fué escrito en hebreo o arameo.

La división de la Biblia en capítulos se debe al cardenal Esteban Langton, arzobispo de Cantorbery (+ 1228). La división en versículos se debe a Santos Pagini (1528), con algunas modificaciones introducidas más tarde. Esta división en capítulos y versículos no forma parte de la Biblia, y sólo sirve para indicar el lugar de una cita de las Sagradas Escrituras.

Inspiración. Según la enseñanza de la Iglesia, todos los libros de la Biblia o canónicos han sido escritos por inspiración divina. Ahora bien, "la inspiración —dice el Papa León XIII en su encíclica Providentissimas— es un impulso sobrenatural por el cual el Espíritu Santo ha excitado y empujado a escribir a los escritores sagrados y les ha asistido mientras escribían, de suerte que concebían con exactitud, querían escribir con fidelidad y expresaban con verdad infalible todo V sólo aquello que el Espíritu Santo les ordenaba escribir." De otro modo, añade el mismo Papa, "el Espíritu Santo no seria el autor de la Sagrada Escritura".

Con ello se indica que Dios es el autor de la Biblia toda, el autor principal, y el hombre sólo autor secundario, un instrumento de la mano de Dios.

La inspiración no anula ni menoscaba la libre actividad ni el carácter del escritor, sino que se sirve de él para más elevados fines; no cambia tampoco su disposición natural, ni sus conocimientos adquiridos, ni siquiera remedia las imperfecciones y defectos de la persona o de sus facultades.

El individuo humano, tal cual es, se torna en instrumento libre del que Dios se sirve para escribir lo que tiene por conveniente para enseñanza, corrección, consuelo y aviso del hombre.

Por eso estos amanuenses del Espíritu Santo han dejado en los Libros Santos el sello de su personalidad, de su lengua, de la época y de la nación en que escribieron.

La inspiración se extiende a toda la Biblia y a todas sus partes; por lo cual no se la puede dividir en partes inspiradas y otras que no lo son, ya que el alcance de la revelación llega hasta los asuntos de carácter profundo, y no de una manera casual sino íntima e intencionada.

De esto se sigue la absoluta infalibilidad de la Biblia, no sólo en aquellos puntos que atañen a la salvación del género humano, sino también en los profanos. No se puede sostener que en los asuntos profanos la Biblia sólo contiene una verdad relativa. Por tanto la Biblia es absolutamente verdadera en todas sus partes.

Inerrancia. La Iglesia, a quien compete establecer la lista de los libros canónicos, ha afirmado siempre la inerrancia o ausencia de todo error en la Biblia, como consecuencia de la inspiración, y ha desechado todas las tentativas de restricción de la inspiración y, por consiguiente, de la inerrancia, por la razón de que Dios, autor principal de la Biblia, es infalible, y siendo la Verdad misma, lo que Él escribe o manda escribir no puede contener ningún error.

La lectura de la Biblia. Algunos enemigos de la Iglesia, como los protestantes, han querido hacer de la Biblia la única regla de fe, dejándola a la libre interpretación de cada uno.

Los católicos tenemos, además, otros medios seguros para conocer las verdades de la fe; en rigor podemos contentarnos con la enseñanza de la Iglesia.

También los protestantes han imputado a los católicos el haber menospreciado u olvidado la lectura de los Libros Santos. Pero esta imputación es falsa.

Es cierto que la Iglesia ha tomado ciertas precauciones para la lectura de la Biblia:

1° Prohíbe a los católicos las ediciones de la misma preparadas por críticos no católicos (las permite a los versados en los estudios bíblicos, capaces de discernimiento, con ciertas garantías);

2º No autoriza las traducciones en lengua vulgar sino mediante la adición de notas explicativas, tomadas de la tradición católica;

3° Exige que las publicaciones bíblicas lleven la autorización del obispo.

Pero, guardando estas prudentes precauciones, la Iglesia recomienda la lectura de la Biblia;

Hace de ella una ley para los sacerdotes y aconseja su lectura a los fieles que quieren conocer verdaderamente su religión;

Bendice las asociaciones piadosas que tienen por fin la difusión del Evangelio;

Ampara y alienta los estudios bíblicos y exhorta a todos los católicos a leer y meditar frecuentemente el Libro que Dios ha dado a los hombres para que en él aprendan la ciencia de la salvación.

Contenido de los Libros Santos. Génesis. Como la palabra indica, trata del origen del mundo, del hombre y de los primeros seres creados; de la desobediencia de Adán y Eva, y sus derivaciones; de la promesa del Redentor, de los descendientes de Adán; del diluvio; de los patriarcas: Noé, Abrahán, Isaac, Jacob y sus doce hijos; de la elección de Israel como pueblo de Dios y de su cautividad en Egipto.

Éxodo. Describe el éxodo o salida de Israel de Egipto, dirigido por Moisés; de la alianza de Dios con Israel en el Sinaí y diversos sucesos acaecidos en la peregrinación del pueblo por el desierto en su viaje a la Tierra Prometida.

Levítico. Trata de la liturgia de Israel en el tabernáculo, liturgia confiada por Dios a la tribu sacerdotal de Leví; de ahí el nombre del libro.

Números. Empieza este libro por hacer el censo de Israel, y luego narra los episodios ocurridos a través del desierto hasta llegar a la Tierra Prometida.

Deuteronomio (segunda ley). Contiene los discursos de Moisés en los que, poco antes de morir, pasa lista de los beneficios obrados por Dios en favor de Israel desde la salida de Egipto y exhorta al pueblo a cumplir la Ley.

Josué. Narra la conquista de Canaán por Josué, y la distribución de esa tierra de Palestina a las tribus de Israel.

Jueces. Es la historia del período que sigue a Josué, en el que Dios suscita a hombres extraordinarios, llamados jueces, para libertar a Israel de los enemigos que le rodeaban.

Rut. Es la historia breve de la virtuosa Rut que, aun siendo pagana, entró a formar parte del pueblo hebreo al casarse con un israelita, llegando así a ser ascendiente de David y, por lo mismo, del Mesías.

Reyes. Estos cuatro libros (los dos primeros llámanse también Libros de Samuel) contienen la historia de los reyes de Judá y de Israel.

Paralipómenos o Crónicas. Complementan la crónica de los libros de los Reyes.

Esdras y Nehemías tratan de la restauración material, religiosa y moral del pueblo judío a la vuelta de la cautividad de Babilonia.

Tobías. Contiene la biografía de Tobías, virtuoso varón de Israel, fiel a Dios en la cautividad, misericordioso, educador admirable de su hijo, paciente en la adversidad y bendecido por Dios. Es el libro de oro para la familia cristiana.

Judit. Relación de la acción valerosa de la viuda Judit al dar muerte a Holofernes para librar a su patria del invasor asirio. Demuestra la providencia de Dios sobre su pueblo acudiendo a los que confían en Él.

Ester Manifiesta también la providencia divina al narrar la intervención de esta judía, casada con el rey persa, para salvar a una colonia israelita residente en el reino de Persia y amenazada de exterminio.

Macabeos. Estos dos libros refieren las batallas heroicas de los judíos oprimidos por los reyes de Siria que trataban de helenizar al pueblo y destruir la religión judía.

Job. Presenta, en la historia de un hombre sabio y virtuoso, rico, probado con toda clase de calamidades y al fin premiado por Dios, una imagen viva y heroica de la virtud de la paciencia y conformidad con la providencia de Oíos a los hombres de todos los tiempos.

Salmos. Colección de 160 composiciones poéticas, en su mayor parte de David, algunas de ellas mesiánicas. Los Salmos fueron en el Antiguo y continúan siendo en el Nuevo Testamento el lloro oracional por excelencia de la liturgia.

Proverbios. Colección de sentencias orientadoras para la sabiduría y prudencia de la vida y práctica de la virtud.

Eclesiastés. Atribuido a Salomón, este libro hace resaltar la vanidad de las cosas del mundo, que tan luego pasan, dejando sólo pesar y remordimiento, mientras que la verdadera felicidad la proporciona el cumplimiento de la Ley de Dios.

Cantar de los Cantares. Es el canto sublime de la unión de Dios con su pueblo, en que se prefiguran los desposorios místicos de Jesucristo con la Iglesia y con las almas buenas, pero todo ello descrito con imágenes vivas, metáforas sorprendentes y atrevidas al modo oriental y simbolismos fantásticos, tomados del ceremonial de las bodas entre los israelitas.

Sabiduría. Es una exhortación dirigida a los judíos y paganos unos doscientos años antes de Cristo, en la que se oponen a los falsos principios y mala conducta, sugeridos por la sabiduría humana, la perfección de la fe y de la vida recomendada por la verdadera sabiduría.

Eclesiástico. Comprende el tema de la sabiduría y la práctica de todas las virtudes con ejemplos de la vida de los siervos de Dios.

Libros Proféticos. Los Profetas escritores nos han dejado en sus escritos algunas noticias del pueblo de Dios, visiones y anuncios proféticos referentes a Israel, el Mesías, la Iglesia y el final de los tiempos, bajo imágenes y figuras impregnadas de misterio.

Evangelios. Narran la vida, pasión y muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo y también sus sublimes enseñanzas.

Hechos de los Apóstoles. Es la historia de los primeros años de la Iglesia, actuación de san Pedro en Palestina y principalmente las misiones de san Pablo hasta su llegada a Roma.

Epístolas. Compilación doctrinal y moral de la doctrina cristiana, destinada a mantener a los primeros cristianos y fortalecerlos en la nueva religión de Jesucristo.

Apocalipsis. Es la revelación de los juicios de Dios sobre el mundo y la Iglesia, escrita con símbolos de escondido misterio.


AVILA, BRUNO R.P.; Historia Bíblica del Antiguo y Nuevo Testamento; Buenos Aires, Editorial San Benito, 3era.Ed., 1954; págs.7-21

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